Poco más de una semana para las elecciones, después de la intensidad del proceso es difícil creer que faltan tan pocos días para el final de un proceso que algunas veces ha parecido demasiado largo y dramático.  En ocho días Estados Unidos tendrá a su primer presidente afro-americano o su primera vice presidente mujer. Para mal o para bien, todo el planeta será afectado por el resultado.

Eugene Robinson, escritor del Washington Post hacía una  pregunta pertinente en su columna de la semana pasada: después del final de una campaña que aparecerá en los libros de historia, qué vamos a hacer para llenar el vacío en nuestras vidas?. Esto se aplica a muchos Estadounidenses, e inclusive extranjeros como el aquí suscrito, que de repente se convirtieron en especialistas amateur en todo lo relacionado con encuestas e información política.  Robinson se muestra preocupado por un interés que a veces raya en la obsesión.  El sentimiento es parecido al de leer una gran novela épica y acercarse a las últimas páginas en las que se difinirá el climax. Las emociones son ambivalentes, por una parte, nos interesa saber cuál va a ser el final, si nuestros heroes favoritos sobrevivirán a la batalla, si habrá una sorpresa de último minuto para darle un giro de 180 grados a la historia. Por otra parte, cuando el libro se termine, las constantes emociones y el suspenso serán cosa del pasado. Quizás el precio de disfrutar una buena historia es llegar a su final.

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