La campaña de McCain tiene pocas opciones además de intentar encontrar un ataque que ponga en cuestión el caracter de Obama como presidente. Durante las últimas semanas su principal argumento fue la asociación entre Obama y William Ayers, un ex-radical que en los sesentas hizo parte de un grupo que puso bombas para protestar en contra de la guerra de vietnam.  El punto fuerte de el ataque, de acuerdo a los estrategas de McCain era que permitía hacer una asociación entre Obama y una de las palabras con poderes mágicos para despertar  alarmas: “Terrorista” votantes descuidados asumirían que si Obama es amigo de alguien que hace 40 años fue un terrorista (hoy en día ayers es un respetado profesor universitario), el mismo Obama puede sentir simpatía por este tipo de ideología radical. Sarah Palin en una de sus manifestationes afirmó, sin pensar mucho en las consecuencias,  que Obama tiene que explicar por que está “haciendo amistades con terroristas”.

El ataque nunca funcionó muy bien, o bueno, funcionó, pero no del modo en el que los republicanos esperaban.  Cuando Palin y McCain empezaron a usar el argumento para cuestionar  durante sus manifestaciones que la nación todavía no sabe quién es Barack Obama, sus seguidores empezaron a proponer a gritos  la respuesta más lógica en ese contexto:“es un  terrorista!” alguiem más agregó “es un musulman!”, (que para muchos en EU es  la misma cosa), algún furibundo hombre de acción propuso una solución: “mátenlo!”. Jon Stwart con su agudez habitual se refirió a la sabiduría de la turba enfurecida que puede solucionar cualquier problema con sus antorchas.

Muy pronto McCain y Palin dejaron de preguntar quién es Obama en sus manifestaciones, sin embargo, la campaña continuó usando el ataque en sus comerciales de televisión, en folletos mandados por correo e inclusive en las infames robocalls, “llamadas robot” en las que una máquina llama por teléfono para lanzar acusaciones en contra de un enemigo político. En un giro irónico, McCain había prometido en el 2000 nunca usar robocalls después de ser víctima de una campaña de este tipo en la que se le acusaba de tener dos hijos ilegítimos con una mujer negra.

La relación con Ayers nunca pareció afectar los números de Obama, George Will, un columnista republicano  comparó la efectividad de esta  estrategia en el medio de una crisis económica con el peligro de ser atacado por una oveja muerta, es decir, algo menos que inofensivo.

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