Ted Cruz, Senador por el estado de Texas

Los analistas y círculos políticos todavía no salen de su perplejidad ante la capacidad de Trump para hacer afirmaciones incendiarias y ofensivas y  al mismo tiempo continuar en punta en los sondeos. En su última perla, rayando en el teatro del absurdo, criticó a Hillary Clinton por tomar una pausa para usar el  lavabo durante el último debate Televisivo, “yo sé lo que estaba haciendo allí,  y es repugnante”.  Este es un extraño ciclo electoral en el que el lider de las encuestas para elegir al gobernante más poderoso del mundo recurre a improperios en el mismo nivel de un estudiante de primaria.

A pesar de la inexplicable durabilidad de el magnate newyorkino, muchos analistas todavia creen que, citando la las palabras Jeb Bush en uno de los debates televisivos,  Trump no podrá ganar la presidencia a base de insultos.  Los electores republicanos  eventualmente se darán cuenta de que  Trump es un egomaniaco sin escrúpulos y  sin ninguna preparación para ser presidente. Pase lo que pase con Trump, ya que a esta altura su posible nominación empieza a ser tomada en serio,  su presencia tendrá efectos  en lo que resta  de la carrera presidencial. La popularidad de la que gozan las  oponiones  extremas del billonario han desviado la discusión de su partido hacia la extrema derecha. Cada vez que alguno de los otros contendientes falla en criticar las afirmaciones deschavetadas de Trump le da material a los demócratas para presentarlo como un racista, chauvinista o islamofóbico, dependiendo del insulto de turno.  El resto de los candidatos republicanosse han visto obligados a definirse por la forma en la que se  comparan con Trump.

En este complicado baile al que los candidatos republicanos recibieron una invitación indeseada y obligatoria, quien emerge hasta ahora como el más posible beneficiario es Ted Cruz, senador por el estado de Texas.  Cruz, antiguo protegido de la familia Bush y cuyo padre fue un emigrante cubano,  ha sido claro en su estrategia: nunca ataca a Trump y trata, por el contrario, de mostrar simpatía hacia sus posiciones. En términos coloquiales cruz decidió “chuparle rueda” al magnate.  Un beneficio inesperado con el que Cruz se encontró gracias a  las descabelladas ideas de el mogul de los medios, es que de repente un candidato que representa al “tea party”, el ala más extrema del partido republicano, parece ser un estadista moderado.

Cruz se hizo visible a nivel nacional en el 2013 cuando encabezó un ataque contra de la reforma al sistema de salud de Obama. Durante esa discusión, Cruz comparó el sistema de salud subsidiado de Obama con el  nazismo, y se ganó bastantes enemigos al interior de su propio partido al que criticó por no hacer lo suficiente en contra de la supuestamente nefasta iniciativa. La revuelta de Cruz llevó a una parálisis del gobierno que Obama usó para hacer ver a los  republicanos como una pandilla de obstruccionistas que no permiten solucionar los problemas  y tampoco ofrecen opciones constructivas, el pardido del “no!”. Algunos creen que la fallida revuelta de Cruz fue parte de su estrategia para posicionarse en las elecciones presidenciales, esto,  sin importarle si su propio partido saliera perjudicado.

La apuesta de Cruz es convertirse en la mejor alternativa para los seguidores de Trump cuando el magnate se las arregle para autodestruirse con sus declaraciones escandalosas. El electorado de Trump, mayormente hombres blancos de mediana edad con bajo nivel educativo y con una fundamental desconfianza hacia el gobierno, se alinea bien con la ideas antigubernamentales de Cruz. El senador por Texas tendria además ventajas en términos de sus ideas sociales ya que es un defensor de los valores coservadores y, está en contra del derecho al aborto y  el matrimonio gay.

Acualmente Cruz está en un claro segundo puesto en los sondeos nacionales y poco a poco crece en el retrovisor de Donald Trump. Los republicanos se enfrentan a la pesadilla  de dos candidatos insurgentes y extremistas como sus más probables líderes. Los demócratas miestras tanto se frotan las manos. Las elecciones presidenciales usualmente son definidas por los votos moderados, el candidato ganador tiene que atraer algunos moderados del partido contrario. Un candidato extremo como Trump  o Cruz no tendrá mucho chance con éste tipo de electores. Habrá que ver como se desenvuelve el drama.

 

 

 

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