Tras los resultados  de las primarias en New Hampshire en las que Donald Trump y Bernie Sanders obtuvieron victorias aplastantes, el resto de los competidores deberán evaluar con cuidado sus estrategias si quieren seguir en la contienda por la nominación. Los siguientes posts del blog examinarán los problemas más urgentes que los perdedores deben enfrentar. Hoy nos ocuparemos de la demócrata Hillary Clinton.

New Hampshire fue para Hillary una derrota anunciada,  todos los sondeos previos a las primarias en el estado del granito  predecían  la victoria del socialista Bernie Sanders.  Sin embargo, la  estrechísima victoria de Hillary en Iowa combinada con una derrota por un margen mayor del  esperado en New Hampshire le dan fuerza a la narrativa que la presenta como una candidata vulnerable. Una aspirante que debería ser vista como pionera al ser la primera mujer son serias posibilidades de llegar a la presidencia de los EE.UU. no pudo obtener la mayoría en el voto femenino.  De hecho, el único sector demográfico en el que Clinton triunfó en New Hampshire fue el de los votantes mayores de 65 años, un panorama preocupante para una candidata que quiere cautivar a los votantes jóvenes  y de vanguardia.

En cierta medida la situación tiene un aire de Deja vú con respecto a la sorpresa que Obama le dió  a Clinton en el 2008. Hillary, la candidata del sistema político, es superada por un candidato mucho menos conocido,  mucho más radical y que despierta un mayor  entusiasmo entre los votantes jóvenes e inconformes. Quizás el entusiasmo sea el término clave, si bien a este punto pocos creen seriamente que Hillary pueda perder la nominación, las élites de su partido deben estar preocupadas por la tibeza de los sentimientos que la candidata despierta en los votantes. Un voto por Hillary en este momento se siente más como un deber que como una sincera convicción.

Los ataques en contra de la candidata Clinton también cobrarán más fuerza tras su inseguro comienzo en las primarias. Las investigación del FBI sobre los correos electrónicos con información clasificada que envió cuando fue secretaria de estado, los discursos generosamente remunerados que dió para conglomerados de Wall Street a quienes ahora afirma combatir, o su supuesto encubrimiento de las infidelidades y presuntos abusos sexuales de su esposo Bill  en su tiempo como presidente, son algunas de las h que recibirán la atención de los medios en largos días que preceden a la contienda en Nevada y Carolina del Sur.

 

 

 

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