A la campaña de Marco Rubio le queda menos de una semana de vida. En teoría Rubio debería haber sido el candidato liderando una nueva era de su partido. De origen latino, una de las minorías con las que su partido necesita congraciarse para sobrevivir, Rubio  tiene gran carisma y es reconocido como un buen orador. Frecuentemente rubio ha sido definido como la versión republicana de Obama.

Pero a diferencia de Obama, su partido no está interesado en su mensaje. Mientras Obama fue exitoso en vender optimismo y esperanza (en qué medida cumplió sus promesas es el tema de otra historia), Rubio, quien fue un moderado en ciertos temas como la inmigración antes de esta atípicas primarias, se encontró con un electorado rabioso y polarizado que favorece a los candidatos más radicales. Hay algo de ironía cíclica en la forma en la que la campaña de Rubio se hundió que sigue un paralelo con el destino de Jeb Bush, su antiguo mentor. Como Bush, Rubio intentó un ataque desesperado contra el archi-enemigo que destruyó su maestro. Sin embargo, a diferencia de las películas de acción, el villano también venció al discípulo.  Los ataques de Rubio no hicieron mella en Trump, y al parecer por sus pobres resultados en Mississippi y Michigan, el giro negativo perjudicó a la campaña del senador de origen cubano.

El epitafio de la campaña de Rubio se escribirá en su estado local de la Florida donde Rubio tiene en este momento una desventaja de dobles dígitos con respecto a  Trump.  Ted Cruz, como un tiburón  oliendo sangre en el agua, incrementó su actividad en la Florida abriendo  nuevas oficinas e incrementando su pauta publicitaria.  Cruz sabe que no tiene chance allí, pero cada voto que le quite a Rubio le hará más difícil  ganar el estado. Si rubio pierde la Florida como probablemente sucederá, el caso de Cruz como la única esperanza del partido contra la amenaza de Trump será mucho más convincente y la presión de los donantes y la clase política para que Rubio desista de su candidatura se hará difícil de ignorar.

Paradójicamente, cualquiera de los miembros de el fallido dúo de Bush y Rubio habría tenido una mejor oportunidad de vencer a Hillary Clinton en las elecciones generales. Los dos candidatos restantes en ausencia de Rubio son demasiado radicales como para conquistar a las mayorías a nivel nacional.  Cruz es el miembro más conservador del senado y tiene posturas radicales en temas como el aborto y la  inmigración que no resonarán con los votantes moderados. Mientras tanto,  el carácter  racista y sexista de Trump asegura que perderá no solo a los moderados sino también a las minorías. Habrá que ver cuanto encanto para las mujeres tendrá un candidato  que se refiere al  tamaño de sus partes íntimas en un debate presidencial televisado.

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