molenbeek
Vigila de Paz en Moleenbek, Bruselas, después de los ataques de París en Noviembre del 2015

Los atroces ataques en la capital de la unión europea proveen en buen ejemplo sobre las dificultades  que presenta la lucha actual contra el terrorismo. Pocas veces el término globalización se puede aplicar mejor que en la naturaleza de la nueva generación de radicales con la que Europa se enfrenta.  En contra de los estereotipos que todavía aparecen en las películas de acción, para los radicales actuales una mente maestra ya no es necesaria. Los terroristas de nueva generación se educaron enfrente  de un computador conectado a internet. Todo lo que se necesita saber para poner en jaque a un estado moderno se puede aprender sin salir de su casa. Cómo hacer explosivos con insumos del supermercado, como evadir a los servicios de seguridad, como maximizar el impacto de un ataque, todo está al fácil alcance de algunos términos de búsqueda en google. La mente maestra del terror no está en ninguna parte y es omnipresente al mismo tiempo, vive en la matriz.

Es en internet donde un puñado de jóvenes de europeos, hijos de emigrantes musulmanes,  a los que la sociedades europeas no han sabido integrar han encontrado el radicalismo como una forma de darle significado a sus vidas. La rabia de la marginalización tiende a encontrar formas de manifestarse. Los disturbios  en Francia en el 2005, en el que jóvenes de origen norafricano y musulmán desafiaron a las autoridades durante semanas pueden verse como un precedente. Inconformismo reprimido pero sin un propósito claro manifestándose.

En Molenbeek, la localidad de mayoría musulmán de Bruselas donde los grupos responsables por los ataques de París y Bruselas tuvieron su base, se creó una tormenta perfecta donde  la combinación  de desarraigo, desigualdad,  desempleo y una marcadísima segregación cultural  social hicieron simbiosis con el radicalismo religioso.   Un grupo de jóvenes a los que su vecindario solo ofrecía pandillas y desempleo de repente  halló significado a su vida en una ilusión: el califato que sería construido sobre los huesos y la sangre de los infieles.

El  verdadero enemigo a el que el proyecto europeo se enfrenta no es un grupo de agentes del estado islámico camuflados en la reciente ola de refugiados, y tampoco es alguna mente maestra orquestando ataques en un campamento en el desierto. Los enemigos: la desigualdad, la discriminación,  el desarraigo, la rabia, viven hace tiempo en el corazón de Europa.

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