Nadie esperaba que Hillary Clinton tuviera más problemas para asegurar su nominación que Donald Trump. Aunque de acuerdo a las proyecciones Bernie Sanders no tiene un camino para imponerse en términos de delegados,  Clinton no puede ser demasiado brusca en su intento por empujarlo fuera de la contienda por varias razones. La primera es que la candidata demócrata necesitará a el apoyo de los votantes de su contrincante (alrededor de el 45% de los votos en las primarias) en las elecciones generales. Hillary y Bernie libran lo que podría llamarse una lucha de caballeros, discuten acaloradamente pero sin cruzar el límite de los ataques personales y sin descalificar a su oponente, esto en acentuado contraste con la cultura del insulto que Trump impuso en las primarias republicanas.  Cuando Bernie Sanders acepte lo inevitable y retire su candidatura, tomará tiempo antes de que sus seguidores acepten la idea de que votar por Hillary  es una mejor alternativa que el impredecible e impreparado Trump. Algunos de los seguidores de Sanders, por ejemplo la reconocida actriz Susan Sarandon, han  insinuado que Trump podría ser la mejor opción si Hillary se impone. Me pregunto si Sarandon ve la ironía de esta declaración en labios de alguien que se hizo famosa por una película en la que las protagonistas se lanzan juntas a un abismo (en justicia, la actriz aclaró más tarde que nunca votaría por Trump). Cada ataque contra Sanders obligará a la  Clinton a convencer más tarde a algún a algún sandersiano resentido.

Otra razón por la que Hillary no se esfuerza en pregonar que Bernie está matemáticamente eliminado es que su superioridad en las primarias se debe en buena medida a los superdelegados en las élites de su partido, el grupo de representantes que pueden decidir su apoyo independientemente de la opinión de los votantes.  El sistema de los superdelegados le ofrece a Sanders un argumento similar al que ya funcionó para  Trump: el sistema está amañado para mantener el status-quo y evitar que un disidente se haga con la nominación. Hay que acotar que a diferencia de Trump, Sanders ha obtenido y tendrá al final de las primarias menos votos que su oponente. En este  caso la voluntad de los votantes coincide con la de las élites del partido.

De este modo, Hillary se ve obligada a luchar en dos frentes de batalla al mismo tiempo. por un lado trata de obtener la concesión de Sanders y en otro frente debe contrarrestar  los ataques que Trump  empieza a dirigir en contra suya.  Sanders no tiene razones inmediatas para retirarse, todavía tiene bastante dinero para financiar su campaña y espera ganar en varios estados. En este punto su intención parece ser la de obligar a Hillary  y al partido demócrata a adoptar parte de su plataforma política.

Me despido por ahora con un  video en el que Saturday Night Live parodia el  el efecto que la oposición de Sanders ha tenido en la candidata demócrata:

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