Por primera vez en el ciclo electoral Donald Trump supera a Hillary Clinton en las encuestas de opinión:

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Para Donald Trump y sus partidarios, el diminuto margen de ventaja será evidencia suficiente para declarar  una inminente victoria sobre  Clinton en  Noviembre. La ventaja de Trump, o más bien, el empate técnico en términos estadísticos, puede ser atribuida a el presente estado de la contienda en los dos partidos. Aunque se trate de un repunte real y consistente para el mogúl mediático, las diferencias en el contexto de dos partidos debe ser tenido en para interpretar la situación.

Entre los republicanos, las élites del partido se han resignado a seguir la misma línea de su votantes. Comenzando por las primarias de Nueva York y de los cinco estados de el corredor Acela, se hizo claro que una mayoría de los electores del  estaba listos para aceptar la candidatura de Trump. Después de el retiro de de sus últimos competidores, Cruz y Kasich  tras ser vapuleados en Indiana, los republicanos iniciaron un lento pero seguro proceso para consolidarse alrededor de el billonario newyorkino como su abanderado.   Las voces clamando por un tercer candidato, el movimiento #nevertrump, se han convertido en un espectáculo marginal. No es pequeño el sapo que algunos han tenido que tragar.  Por ejemplo, Rick Perry, el exgovernador de Texas, quién en el pasado comparó ideología de Trump con un cancer, y afirmó que escoger al candidato equivaldría para el partido a ingerir una poción venenosa, tuvo un dramático cambio de opinión y   endorsó a Trump a principios de més llamándolo una de las personas más talentosas que ha visto como candidato presidencial. En su declaración de apoyo Perry resume la realidad que enfrenta su partido con miras a las elecciones generales: El [Trump] no fue mi primera opción, no fue mi segunda opción, pero fue la opción de los votantes.  Son estos votantes republicanos respondiendo a las encuestas con el conocimiento de que solo queda una opción  los que han ayudado al repunte de Trump en los sondeos.

Por otra parte, en el bando demócrata Hillary no ve una salida a su prolongada batalla con el testarudo Bernie Sanders, quien sigue ganando estados y delegados. Clinton tiene un limitado margen de maniobra porque su imagen en su propio partido se vería perjudicada si sus ataques a Sanders son demasiado enfáticos. Los votantes demócratas respondiendo a las encuestas todavía tienen más de una opción y esto se refleja negativamente en los números de la candidata.  Cuando Hillary se las arregle para consolidar el respaldo de su partido y para deshacerse de Sanders, los votantes demócratas se encontrarán sin otra alternativa. Solo entonces las encuestas para la elección general estarán comparando candidatos en circunstancias  similares.

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