Estamos de regreso tras un receso de vacaciones.

Hace meses cuando el resultado de las primarias todavía no estaba definido había planeado un post llamado “Conspiración en Cleveland”. El encabezado se refería a las jugadas de Ted Cruz  con miras hacia apoderarse de la nominación en la convención republicana con un astuto uso de las reglas, y a pesar de el triunfo de Trump en el voto popular. Con este plan en mente Cruz hizo cosas como obtener casi todos los delegados de Colorado a pesar de la ausencia de una votación real.  El complot se mostraba como un complicado juego de ajedrez basado en los detalles de las reglas para elegir delegados y en el trabajo de activistas organizados a nivel estatal, Cruz derrotado en las urnas enviaría a Cleveland un contigente de delegados tipo “caballo de troya” que se volverían en contra de Trump después de la primera ronda de votación. Trump, quien carece de una red organizada de activistas y quién es alérgico a las reglas y el detalle no habría tenido ningún chance en esta clase de pelea. La convención habría sido un thriller de proporciones épicas.

El plan de Cruz careció de un elemento esencial: el apoyo de su partido.  Para arrebatarle la nominación al neoyorquino, Cruz habría necesidado de un tácito o explícito acuerdo con las élites republicanas.  El  Senador Texano experimentó los frutos de el karma negativo que cultivó durante años atacando a su propio partido en el congreso. Su reputación como el hombre más odiado de el senado se vio reflejada en el casi completa falta de apoyo por parte de sus colegas. El partido republicano tuvo que elegir entre dos opciones indeseables, respaldar a Trump o apoyar aun disidente fundamentalista como Cruz. Trump facilitó la decisión con un sutil chantaje: si el sistema le arrebataba la nominación, amenazó con se presentarse como candidato independiente y además se aseguraría de incitar manifestaciones violentas de protesta durante que la convención de Cleveland. Los republicanos decidieron a regañadientes que el menor de dos males sería  respaldar al candidato  que se impuso en el proceso democrático y ahorrarse el caos que Trump con seguridad habría creado si se le negase la nominación. Cruz, entendiendo que el apoyo partidario no llegaría nunca se retiró después de ser vapuleado en Indiana.

Ya sin posibilidades de crear una revuelta entre los delegados -un intento de sus seguidores por cambiar las reglas de votación fue rápidamente suprimido en el primer día de la convención- Cruz optó  en todo caso por un tipo inusual de protesta que a pesar de su reducida escala, se puede calificar como audaz y riesgosa.

Cuando Trump le ofreció ser uno de los oradores de la convención y Cruz  aceptó el encargo, lo esperado era que Cruz invitara a sus seguidores apoyar al nominado. Sin embargo Cruz usó su discurso para hacer una larga disgresión acerca de la importancia de la libertad como un valor americano, criticando de paso a el sistema centralizado del partido que no le permitió usar las reglas estatales en su favor. Más importante,  en el momento en el que se habría esperado una invitación a apoyar a Trump, Cruz aconsejó a los votantes no quedarse en su casa en noviembre y  votar de acuerdo a su conciencia,  una declaración  problemática porque deja abierta la posibilidad de que sus seguidores apoyen a un candidato diferente al nominado del partido. Predeciblemente, el orador fue ruidosamente abucheado por la audiencia mientras se retiraba del podio; Cruz protagonizó una rebelión de un solo hombre.  Mientras tanto Trump, quien al parecer conocía el contenido del discurso, hizo su entrada en el auditorio justo cuando Cruz terminaba su intervención, un gesto que podría interpretarse como diciéndole a su oponente: ‘esta es mi fiesta y tú no eres nada más que un invitado indeseable’.

Al menos Cruz fue honesto y no pretendió que podría hacer las paces con una persona que lo apodó “Ted el mentiroso mentiroso” durante meses, que llamó fea a su esposa y que intentó implicar a su padre en el asesinato del presidente Kennedy.

Sabiendo que una victoria de Trump es improbable el campo de candidatos republicanos se posiciona para las siguientes elecciones en el 2020. Cruz no es la excepción y su apuesta es especialmente arriesgada. El senador texano espera que en el futuro, una vez que Trump se autodestruya en las elecciones generales, los votantes lo verán de como el líder que tuvo el valor para oponerse a el tirano billonario que secuestró al partido. En el corto plazo Cruz es visto como un traidor que no quiso ayudar a la unión de su partido y muchos califican su gesto como un suicidio político.

 

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