Justo después de declarar sus intenciones de ser fiel a su estilo hasta el final, Donald Trump cambió su campaña en una dirección que intenta mostrar una imagen más amable del candidato.

La transformación comenzó hace un mes con la salida del anterior gerente de la campaña, Paul Manafort,  cuyo cargo se hizo insostenible tras descubrirse que había recibido millones de dólares por su asesorías para  políticos pro-rusos en Ukrania. Las conexiones rusas de Manafort podrían parcialmente explicar la simpatía de Trump hacia el régimen de Putin.

En reemplazo de Manafort la campaña  del republicano introdujo un dúo integrado por  Kellyanne Conway, una experta en  encuestas  de opinión y  Mark Bannon,  un ejecutivo de un sitio web de extrema derecha.

La influencia de Conway ha sido más evidente. La asesora parece haber convencido a Trump sobre la necesidad de contener sus impulsos más agresivos. Demostrando la nueva estrategia,  en agosto pasado Trump declaró sentirse arrepentido por haber usado las palabras equivocadas en algunos casos, si bien el candidato omitió referencias concretas a cualquier persona o grupo de los muchos a quienes ha ofendido, se trató de una declaración extraordinaria para una persona que no parece creer en dar disculpas.

Desde ese momento el billionario ha  mantenido un mayor grado de disciplina en sus declaraciones públicas, ha disminuido sus declaraciones escandalosas  y  durante sus manifestaciones políticas ha leído desde el teleprompter sin desviarse demasiado para repartir insultos como acostumbraba a hacerlo.

Trump también ha hecho una serie de tibios esfuerzos  para congraciarse con grupos minoritarios entre las cuales es inmensamente impopular como los afroamericanos y los hispanos. Que tienen que perder si votan por mí? les preguntó a los afroamericanos, no tienen educación ni trabajo y viven en lugares más peligrosos que la guerra de Iraq. Si este argumento parece ofensivo para la minoría en cuestión,  es porque en realidad el mensaje n0 se dirige a los afroamericanos con quienes Trump sabe que no tiene  chances,  el mensaje de Trump para las minorías está dirigido en realidad a los republicanos e independientes de raza blanca que se han abstenido de apoyar al candidato por su  tono racista y sus constantes insultos.

Los intentos torpes de Trump por parecer un candidato normal parecen haber funcionado.  De modo lento y consistente el nuevo Trump ha descontado la ventaja de Hillary en las encuestas hasta el punto hallarse ahora  en un empate técnico. La buena racha para el magnate newyorkino recibió un espaldarazo de una semana negra para Hillary Clinton.  En el marco de unos pocos días la candidata hizo una declaración que podría ser el peor error  de su campaña  y también sufrió un desmayo durante la conmemoración de los ataques del 9/11 dándole  fuerzas a teorías de la extrema derecha que  cuestionan su salud.

La política es un buena parte un espectáculo de apariencias, en donde los actores adoptan roles ficticios para complacer a su público. A pesar de ésto, la creencia convencional es que una mínimo de preparación, cierto grado de decencia y un carácter adecuado todavía son necesarios  en adición a las poses teatrales. Una victoria de Trump demostraría que los requerimientos mínimos pueden ser dejados de lado. La política es un show de reality TV y el espectáculo  más entretenido ganará,  punto final.

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