Como era de esperarse, el segundo debate presidencial se convirtió en un melodrama en el que algunas mujeres que afirman haber sido víctimas de Bill Clinton fueron usadas por Donald Trump como parte de la utileria. El magnate intentó transformar la inevitable pregunta sobre la grabación donde se precia de cometer abusos sexuales en una conversación sobre el pasado sórdido de el ex-presidente Clinton.  Trump se presentó como un defensor de las mujeres abusadas que tienen derecho a que su historia se escuchada. Sin embargo,  la efectividad de este ataque político contra Hillary por medio  de su esposo es dudosa porque le exige a la audiencia 1) desempolvar escándalos  que fueron archivados hace decadas, 2) decidir que Bill Clinton debe ser repudiado -de nuevo- por ellos, y  3) juzgar que Hillary también es culpable de los mismos hechos por asociación. Una estrategia demasiado indirecta para ser efectiva con votantes indecisos.

El argumento se volvió en contra su autor cuando durante la semana que siguió al debate una serie de mujeres declararon en los medios haber sido manoseadas por Trump. La andanada de acusadoras se sintió inevitable desde el momento en que Anderson Cooper, moderador del debate, tuvo que preguntarle tres veces al candidato antes de que éste se atreviera a negar haber cometido los actos de los que presumió en la polémica grabación.  El republicano, quién un par de días antes era el defensor de las victimas de abuso sexual,  denigró de sus presentes acusadoras como  mentirosas y poco atractivas.

Repitiendo su estrategia del pasado foro, el mogul mediático planea introducir invitados polémicos en el último debate que se celebrará hoy en Las Vegas. Uno de ellos es Patricia Smith, la madre de una de las víctimas de el ataque en 2012 en Benghazi donde murieron cuatro funcionarios de la embajada estadounidense en esa ciudad Libia. Por años  los republicanos han intentado demostrar que Clinton fue responsable por estos hechos. Smith ya había sido aparecido durante la campaña como oradora durante la convención republicana en donde responsabilizó a Clinton por la muerte de su hijo.  Nadie se verá bien contradiciendo a una madre adolorida.

El segundo invitado es más difícil de explicar. Se trata de Malik Obama, medio hermano del presidente.  Malik declaró en Julio que votaría por Trump, desilusionado por las políticas de su hermano. Los medios especularon que medio hermano hubiera querido más apoyo presidencial para su dudosa fundación sin ánimo de lucro y para su fallida aventura electoral en Kenia.  El subtexto del ataque podría ser algo como: Si su propio hermano no lo apoya es porque Obama es un presidente desastroso y por lo tanto la presidencia de Clinton sería un desastre mayor. De nuevo se trata de un ataque por asociación en segundo grado. Trump podría estar buscando una revancha en  contra del presidente, quién recientemente  ha sido bastante incisivo en sus críticas al republicano. Esta semana Obama acusó a  Trump de ser un llorón por sus constantes quejas sobre el presunto fraude electoral en su contra.

Un ataque contra Clinton via Barack Obama no parece ser una buena idea. El presidente goza en el presente de la mayor popularidad que ha tenido desde el inicio de su gobierno;  la presente contienda entre dos candidatos que producen poca inspiración le puede haber recordado a los electores las ventajas de tener a un presidente confiable y sin un pasado escandaloso. Quizás Malik haga alguna declaración sórdida, podría afirmar que sabe que  su hermano no nació en los Estados Unidos, o podría declarase testigo de un episodio de acoso sexual implicando a su medio hermano.  Quizás, la presencia del hermano renegado solo sea  un truco para mantener a los analistas y blogueros adivinando.

 

 

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