Cuando el fin de esta elección de pesadilla se presentía cercano y sin mayores sobresaltos en el camino, James Comey el director republicano del FBI, decidió que podría darle una ayuda de última hora a su partido anunciando a escasos días de las elecciones que reabriría la investigación por el manejo negligente que Clinton hizo de sus servidores de correo electrónico cuando fue secretaria de estado.

Comey ya había estado ojo del huracán en  en Julio cuando presentó su reporte sobre  el mismo caso en el que declaró Clinton había sido descuidada al usar un servidor privado para manejar su correo electrónico, pero la evidencia no era suficiente para acusarla de ningún delito.  Por supuesto, los republicanos habrían preferido que Clinton fuera llamada a juicio y acusada de traición a la patria.

En las manifestaciones en la campaña de Trump, el grito de  “lock her up!” metanla (a Hillary) a la carcel! es una ocurrencia cotidiana. Durante el segundo debate televisado Trump le dio vida oficial a la idea cuando sugirió que Clinton estaría en la carcel por el escándalo de los correos si el fuera el presidente. La idea de encarcelar a Clinton, que  despierta gran entusiasmo entre los seguidores del magnate, es problemática porque implica borrar la división entre el poder ejecutivo y el judicial. Encarcelar  opositores políticos  es algo más propio de déspotas al estilo de Putin o Erdogán.

El anuncio del director del FBI, dirigido a miembros del congreso, consigue gran efecto efecto con un mínimo contenido. En su carta el funcionario dice que se encontraron nuevos correos que podrían o no ser relevantes para la investigación y que aun se desconoce el tiempo necesario para procesarlos debidamente.  Sin aportar información nueva, el comunicado abre las puertas para especular sobre el contenido de los  mensajes, los partidarios de Clinton la defenderán y sus contradictores harán lo suyo (peor que Watergate dijo Trump, quien nunca ha sido tímido para usar exageraciones descabelladas). El efecto principal es darle nueva vida útil a un escándalo reciclado justo en el momento más crítico de la campaña presidencial.  El FBI podría  usar la estrategia del cuentagotas, siguiendo el ejemplo de los wikileaks, que  han publicado poco a poco los correos hackeados de la campaña Clinton para maximizar su exposición mediática.  Cada titular sobre el tema será  una mala noticia para la candidata demócrata.

Un estratega pagado por la campaña de Trump no habría podido crear una intervención más  eficiente. Un ataque que no puede ser desmentido porque carece de contenido y  que hace ver mal a un opositor. Un anuncio de viernes que garantiza que la noticia dominará las noticias del fin de semana. Una simbiosis perfecta con la narrativa de Hillary corrupta que el candidato republicano usa en cada uno de sus discursos. La promesa de nuevos anuncios que mantendrán vigente el tema .

Los emails de clinton siempre han sido un ataque nebuloso que se basa en la presunción de culpabilidad. Nunca se ha encontrado un arma humeante que pruebe que la entonces secretaria de estado puso en peligro la seguridad de su nación.  Sin embargo, el manejo imprudente de sus correos y especialmente los miles de mensajes que uno de sus asesores eliminó antes la previa investigación del FBI le dan lugar a interpretaciones siniestras. Por ejemplo: quizás Hillary sea la verdadera líder del estado islámico y las pruebas estaban en los mensajes borrados.  Como en una película de terror apropiada para el halloween, estos correos que ya no existen continuarán volviendo de ultratumba para atormentar a la candidata.

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